Un nido de hornero se cayó,
se salió de tu testa
y está en mi patio mirándonos.

Me mordiste las costillas,
caminaste otro colchón.

Encontré dendritas asustadas
que pasean en el balcón,
juegan con fantasmas enredados,
bailan en el sillón.

Probaste mi pie y te gustó,
nos miramos de a ratos
y otras veces no.

Hay lunares con gusto a kiwi,
y cuellos de queso Provolone.
Estoy enamorada de tus células
pero no de vos.

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